Historias Conectadas

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Las historias que no se pueden soltar

Algunas historias no nacen cuando te sientas a escribir.Nacen mucho antes… y se niegan a soltarte.La vida puede llenarse de pendientes, cambios y ruido. Pero las historias que realmente quieren ser contadas… siempre encuentran la manera de volver. La vida nunca se detiene Desde antes sabía que mayo iba a ser un mes movido.Nunca imaginé qué tanto. El principal eje de todo ese movimiento fue el primer viaje internacional de mi mamá a Oriente. Diez días.Otro continente.Otro idioma y otras formas de vivir. Desde antes sabía que mayo iba a ser un mes movido.Nunca imaginé qué tanto. El principal eje de todo ese movimiento fue el primer viaje internacional de mi mamá a Oriente. Diez días.Otro continente.Otro idioma y otras formas de vivir. No iba a estar con ella para ayudarla, así que hice todo lo que podía desde aquí: Investigar.Instalar las apps que iba a necesitar.Ayudarla con compras de último minuto. Luego vino un concurso de escritura.La fecha límite de envío era el 31 de mayo. Bosquejar el outline.Escribir.Editar.Enviar. Y la cereza en el pastel: mi primer viaje en solitario. Una experiencia increíble de autodescubrimiento. Pero claro… también con su propia agenda y logística. La vida adulta no se detiene. Es como esperar pararte a la orilla de la playa y que solo lleguen olas pequeñas. A veces lo serán.Otras veces llegan olas más grandes. Y todas tienes que sortearlas. Aun así, logré encontrar tiempo para escribir. Justo de eso trató la entrada que sometí al concurso: La creatividad no vive en un laboratorio perfecto. Convive con el caos diario.Con los deberes del día a día. Las historias que vuelven solas ¿Les ha pasado que están haciendo una cosa…y de repente empiezan a ver cómo los personajes dialogan en una escena? A mí sí. Bastante seguido. Puedo estar lavando los trastes.Comprando víveres.O en mi recorrido semanal en bicicleta. Y de repente: Boom. Mis personajes están en un café, platicando.O chateando por WhatsApp. Aclarando los malentendidos que los llevaron a separarse.Discutiendo.Volviéndose a encontrar. Y por unos segundos… el resto desaparece. A veces es solo un pensamiento al azar.Algo que puedo poner rápidamente en mi sección de notas para desarrollar después. Pero otras veces… La escena se desarrolla tan rápido en mi mente,con tanta claridad,que un simple archivo de notas no es suficiente para capturar la vibra del momento. La historia demanda que dejes todo lo que estás haciendo…y te pongas a escribir. Aunque no sea perfecto.Aunque pase por mil procesos de edición después. Así fue como inicié mi segunda novela. Acababa de terminar una conversación con alguien.Era una plática completamente normal. Pero al cerrar el mensajero instantáneo… Boom. Una escena. Ni siquiera era el inicio de la novela. Pero era una que clamaba por salir de mi cabeza. Empecé a escribirla. Y a esa escena le siguió otra.Y otra… Terminé escribiendo un capítulo completo en un solo día. Cuando una idea echa raíces No todas las ideas terminan convirtiéndose en historias. Existen ideas pasajeras.Bonitas, sí… pero pasajeras. Como cuando veía una serie de televisión y quería “arreglar” algo que no me gustaba del final. Solo en una ocasión logré terminar un fanfic completo. La mayoría de las veces, esas ideas se quedaban sin plasmar. Y con el tiempo… perdían importancia. Porque la obra original no era mía.Porque solo era “algo bonito” que me hubiera gustado que sucediera. Pero existen otro tipo de ideas. Las que evolucionan contigo durante años. Aquellas que nacen a partir de tus propios sentimientos y experiencias personales. De cosas que dolieron.De preguntas que nunca encontraste cómo responder.De sucesos que, de alguna forma, también hubieras querido arreglar. Y cuando menos lo esperas… Tu mente ya está construyendo escenarios.Creando diálogos.Uniendo emociones. Y sin darte cuenta… la semilla de una historia ha sido plantada. Ese tipo de ideas no mueren tan fácilmente. No pierden importancia con el paso del tiempo. Evolucionan. Sobreviven a cambios de vida.A nuevas perspectivas.Incluso a nuevas versiones de ti misma. Y muchas veces…terminan convirtiéndose en algo más hermosode lo que habías imaginado originalmente. Hay historias que esperan su momento Una cosa es planear el esqueleto que sostendrá una historia. Los arcos principales.Los capítulos que podría ocupar.Los momentos importantes. Eso sí puede planearse. Pero al momento de ejecutar esa planeación… muchas veces la historia cambia. Porque cuando los personajes empiezan a cobrar vida en tu cabeza,a veces lo que habías imaginado deja de tener sentido para ellos. Y eso también me ha pasado muchas veces. Imagino una estructura.Determinado número de capítulos. Pero entonces descubro que hay cosas que no encajan.Otras que pueden mejorar.Y capítulos completamente nuevos que no había considerado…pero que merecen existir. Y ahí es donde sucede algo muy curioso: las ideas originales evolucionany terminan transformándose en algo mucho mejorde como las habías envisionado al principio. Porque llega un momento donde dejas de inventar lo que los personajes harían. Y en lugar de eso… los descubres. Empiezas a entender por qué reaccionan como reaccionan.Qué los hiere.Qué los hace quedarse.Qué los hace irse. Y muchas veces… también terminas sintiendo lo que ellos sienten. Eso es particularmente cierto con mi segunda novela. Ni siquiera era la segunda en mi lista. Era la cuarta. Y durante mucho tiempo solo existió como un bosquejo breve.Una idea esperando su momento. Pero entonces sucedió lo de aquella escena que parecía morirse por salir de mi cabeza. Y después vino otra.Y otra más. Hasta que entendí algo muy simple: Esa historia ya estaba lista para ser contada. Y quizá… yo también estaba lista para escribirla. Por eso sigo escribiendo Por esa razón empecé a plasmar mis historias. No porque quiera publicar por publicar. Sino porque, con el tiempo, entendí que esas historias ya forman parte de mí. Algunas me han ayudado a darle un cierre a cosas de la vida real que nunca lo tuvieron. Otras me han permitido explorar posibilidades que quizá nunca existirían fuera de la ficción. Y, de alguna forma, todas han terminado acompañándome mientras yo también cambio y evoluciono. Las historias crecen conmigo. Cambian conmigo. Y muchas

Mujer escribiendo en un cuaderno en un ambiente cálido, representando el proceso creativo de escribir una novela
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Por qué escribo lo que escribo

No hay camino construido…se crea con cada decisión. Durante mucho tiempo creí que escribir era algo que podía esperar. “Primero va el deber, luego la diversión” fue una enseñanza con la que crecí. Toda mi vida, creía que tenía el plan de vida trazado: Cuando llegué al segundo paso… me di cuenta de que el mapa de vida me lo habían trazado conforme a lo que mis padres creían que era “lo seguro”. Lo correcto. Pero no era lo correcto para mí. Había logrado todo lo que me había propuesto: ser la hija, alumna y trabajadora modelo. Pero una parte de mí gritaba que eso no era todo lo que yo era. Que había más. Una vocecita que no se callaba…Pero que al mismo tiempo no sabía responder qué era ese “algo más” que yo era. Esa etapa de mi vida duró al menos 9 años. Nueve años repitiendo la misma rutina. El nuevo plan original No todos los planes están hechos para quedarse. Cansada de esa vocecita… y de sentirme un zombi en vida, salí del “mundo godín”. Pero no tenía ni la menor idea de hacia dónde iba a ir. Tenía experiencia, eso sí.Así que pude hacer algunos proyectos en modo freelance. Y no me fue mal.Hasta eso, me gusta poner empeño en todo lo que hago. También me seguí especializando, creyendo que me faltaba más conocimiento en mi área. Pero seguía sintiendo ese vacío. Tracé entonces un nuevo plan de vida.Con trazas del anterior, pero “nuevo”. O al menos eso creía yo: Regresar al mundo godín con mi experiencia adquirida y mis nuevos conocimientos.Seguir tomando experiencia y trabajar ahí no hasta la jubilación, sino solo 10 años.En ese tiempo, seguir adquiriendo conocimientos y experiencia para poner mi propia empresa al término de ese tiempo.Invertir parte de mi sueldo para tener un capital de dónde empezar.Abrir mi propia empresa o consultoría y ahí sí: trabajar hasta la jubilación. Según yo…era perfecto. Pero a la mala aprendí que no hay planes perfectos. Pasaron tantas cosas en medio… que esta entrada tendría que ser un libro autobiográfico. El quiebre Todos los millenials y generación Z sabemos que la vida es todo…menos un camino recto sin obstáculos.Hemos nacido y crecido en medio de crisis económicas, viendo cómo la estabilidad que construyeron —y de la que gozaron—nuestros padres y abuelos se derrumbaba. “Ahora sí. Ya salí adelante de situaciones difíciles y lo hice bien.”“2020 será mi año. Ahora sí podré poner mis planes en marcha.” Claro… eso creía. Había un obstáculo más.Uno “chiquito” llamado COVID-19. El mundo se volteó de cabeza.Gente muriendo en todo el planeta…de las formas más terribles. Y los que sobrevivían…quedaban con secuelas. La más temida por mí:el covid de larga duración. Tocó aguantar otra vez. Como me había tocado hacerlodurante los últimos cuatro años. Igual que mucha gente, creí que se pasaría rápido.Que podría volver a la normalidad.A mis planes. Pero los días se convirtieron en semanas…y las semanas en meses. Y en el encierro obligado,una introspección profunda se hizo inevitable: “¿Y si mueres sin poder hacer aquello que más anhelas?” “¿Pero qué es eso que más anhelo? Lo he estado buscando durante años sin hallarlo.” “Eso es porque lo has estado buscando en el lugar equivocado.Busca en tu interior”. Lo hice. Y el resultado fue sorpresivo y gratamente familiar. El origen Hay cosas que empiezan mucho antes de que sepamos nombrarlas. Desde que podía tomar un lápiz y dibujar muñequitos…me encantaba inventar historias. De amigas que se iban de vacaciones y lo pasaban bien.De familias felices que comían en armonía.De maestras de kinder que me enseñaban a hacer gimnasia y honores a la bandera. Cosas de niños. Etapas que les dicen a los padres que pasarán. Pero a mí no se me pasó. Llegó la adolescencia y luego la adultez. Y con ello, historias que dejaron su impronta en mí: Sailor MoonOnce Upon a TimeAvatar The Last Airbender Esos cuentitos se transformaron en fanfics. Historias a las que yo les daba mi voz… Y el final que yo creía apropiadocuando no me gustaban los desenlaces originales. Mi primer intento de novela Fascinada por la obra de Tolkien…y embelesada con el Legolas de Orlando Bloom, me lancé —en palabras de mis abuelos— “a la de sin susto” a escribir una novela romántica con él de protagonista y otra elfa de mi creación. (No me gustaba Arwen para él… mucho menos Gimli 😐) Pero era demasiado larga para el tiempo disponible que tenía.Demasiado compleja para mis limitados conocimientos de escritura creativa.Y no era “algo que me dejara”. Así que terminé por abandonarla. “Es solo un hobby”. Me decía.“Ya habrá tiempo para hacerlo”.“Lo haré cuando me jubile. Puedo escribir para Harlequín Ibérica”. La frase que se quedó conmigo Algunas decisiones no cambian tu vida…la revelan. A diferencia de muchos de mi generación, tuve a mi verdadero primer amor en la edad adulta. Digo verdadero porque es el que te mueve todo el piso…sacude tu mundo…te hace cuestionarte todo. Todo lo anterior fueron infatuaciones infantiles. Mi primer amor me enseñó muchas cosas. Confirmó lo que quería de una relación.Me enseñó muchísimo de lo que no debo tolerar ni aceptar. Pero de entre todas las frases—buenas y malas—que me dijo, una se quedó conmigo. Lo que me dijo cuando le conté sobre este hobby mío de hacer fanfics: “¿Y si cambiaras todos los personajes y lugares…y lo hicieras una historia original?” En ese momento…lo ignoré. Pero cuando hice la introspección durante la pandemia, esa frase volvió a mi cabeza. Y ya no la pude seguir ignorando. Ahí supe lo que la vocecita me había querido decir durante tantos años… sin poderle dar voz: “Quiero contar historias”. Y a esa revelación se sumaron otras dos: “No quiero esperar a la jubilación. La vida es ahora.”“Harlequín Ibérica suena bien, pero mi voz es distinta.” El presente La vida no espera a que estés lista.Tus historias tampoco. Cuando tuve esa especie de epifanía, las circunstancias seguían sin ser las mejores. Tiempo.Responsabilidades.Otros proyectos digitales igualmente

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