Por qué escribo lo que escribo
No hay camino construido…se crea con cada decisión. Durante mucho tiempo creí que escribir era algo que podía esperar. “Primero va el deber, luego la diversión” fue una enseñanza con la que crecí. Toda mi vida, creía que tenía el plan de vida trazado: Cuando llegué al segundo paso… me di cuenta de que el mapa de vida me lo habían trazado conforme a lo que mis padres creían que era “lo seguro”. Lo correcto. Pero no era lo correcto para mí. Había logrado todo lo que me había propuesto: ser la hija, alumna y trabajadora modelo. Pero una parte de mí gritaba que eso no era todo lo que yo era. Que había más. Una vocecita que no se callaba…Pero que al mismo tiempo no sabía responder qué era ese “algo más” que yo era. Esa etapa de mi vida duró al menos 9 años. Nueve años repitiendo la misma rutina. El nuevo plan original No todos los planes están hechos para quedarse. Cansada de esa vocecita… y de sentirme un zombi en vida, salí del “mundo godín”. Pero no tenía ni la menor idea de hacia dónde iba a ir. Tenía experiencia, eso sí.Así que pude hacer algunos proyectos en modo freelance. Y no me fue mal.Hasta eso, me gusta poner empeño en todo lo que hago. También me seguí especializando, creyendo que me faltaba más conocimiento en mi área. Pero seguía sintiendo ese vacío. Tracé entonces un nuevo plan de vida.Con trazas del anterior, pero “nuevo”. O al menos eso creía yo: Regresar al mundo godín con mi experiencia adquirida y mis nuevos conocimientos.Seguir tomando experiencia y trabajar ahí no hasta la jubilación, sino solo 10 años.En ese tiempo, seguir adquiriendo conocimientos y experiencia para poner mi propia empresa al término de ese tiempo.Invertir parte de mi sueldo para tener un capital de dónde empezar.Abrir mi propia empresa o consultoría y ahí sí: trabajar hasta la jubilación. Según yo…era perfecto. Pero a la mala aprendí que no hay planes perfectos. Pasaron tantas cosas en medio… que esta entrada tendría que ser un libro autobiográfico. El quiebre Todos los millenials y generación Z sabemos que la vida es todo…menos un camino recto sin obstáculos.Hemos nacido y crecido en medio de crisis económicas, viendo cómo la estabilidad que construyeron —y de la que gozaron—nuestros padres y abuelos se derrumbaba. “Ahora sí. Ya salí adelante de situaciones difíciles y lo hice bien.”“2020 será mi año. Ahora sí podré poner mis planes en marcha.” Claro… eso creía. Había un obstáculo más.Uno “chiquito” llamado COVID-19. El mundo se volteó de cabeza.Gente muriendo en todo el planeta…de las formas más terribles. Y los que sobrevivían…quedaban con secuelas. La más temida por mí:el covid de larga duración. Tocó aguantar otra vez. Como me había tocado hacerlodurante los últimos cuatro años. Igual que mucha gente, creí que se pasaría rápido.Que podría volver a la normalidad.A mis planes. Pero los días se convirtieron en semanas…y las semanas en meses. Y en el encierro obligado,una introspección profunda se hizo inevitable: “¿Y si mueres sin poder hacer aquello que más anhelas?” “¿Pero qué es eso que más anhelo? Lo he estado buscando durante años sin hallarlo.” “Eso es porque lo has estado buscando en el lugar equivocado.Busca en tu interior”. Lo hice. Y el resultado fue sorpresivo y gratamente familiar. El origen Hay cosas que empiezan mucho antes de que sepamos nombrarlas. Desde que podía tomar un lápiz y dibujar muñequitos…me encantaba inventar historias. De amigas que se iban de vacaciones y lo pasaban bien.De familias felices que comían en armonía.De maestras de kinder que me enseñaban a hacer gimnasia y honores a la bandera. Cosas de niños. Etapas que les dicen a los padres que pasarán. Pero a mí no se me pasó. Llegó la adolescencia y luego la adultez. Y con ello, historias que dejaron su impronta en mí: Sailor MoonOnce Upon a TimeAvatar The Last Airbender Esos cuentitos se transformaron en fanfics. Historias a las que yo les daba mi voz… Y el final que yo creía apropiadocuando no me gustaban los desenlaces originales. Mi primer intento de novela Fascinada por la obra de Tolkien…y embelesada con el Legolas de Orlando Bloom, me lancé —en palabras de mis abuelos— “a la de sin susto” a escribir una novela romántica con él de protagonista y otra elfa de mi creación. (No me gustaba Arwen para él… mucho menos Gimli 😐) Pero era demasiado larga para el tiempo disponible que tenía.Demasiado compleja para mis limitados conocimientos de escritura creativa.Y no era “algo que me dejara”. Así que terminé por abandonarla. “Es solo un hobby”. Me decía.“Ya habrá tiempo para hacerlo”.“Lo haré cuando me jubile. Puedo escribir para Harlequín Ibérica”. La frase que se quedó conmigo Algunas decisiones no cambian tu vida…la revelan. A diferencia de muchos de mi generación, tuve a mi verdadero primer amor en la edad adulta. Digo verdadero porque es el que te mueve todo el piso…sacude tu mundo…te hace cuestionarte todo. Todo lo anterior fueron infatuaciones infantiles. Mi primer amor me enseñó muchas cosas. Confirmó lo que quería de una relación.Me enseñó muchísimo de lo que no debo tolerar ni aceptar. Pero de entre todas las frases—buenas y malas—que me dijo, una se quedó conmigo. Lo que me dijo cuando le conté sobre este hobby mío de hacer fanfics: “¿Y si cambiaras todos los personajes y lugares…y lo hicieras una historia original?” En ese momento…lo ignoré. Pero cuando hice la introspección durante la pandemia, esa frase volvió a mi cabeza. Y ya no la pude seguir ignorando. Ahí supe lo que la vocecita me había querido decir durante tantos años… sin poderle dar voz: “Quiero contar historias”. Y a esa revelación se sumaron otras dos: “No quiero esperar a la jubilación. La vida es ahora.”“Harlequín Ibérica suena bien, pero mi voz es distinta.” El presente La vida no espera a que estés lista.Tus historias tampoco. Cuando tuve esa especie de epifanía, las circunstancias seguían sin ser las mejores. Tiempo.Responsabilidades.Otros proyectos digitales igualmente
